Me gusta mucho desayunar con pan recién horneado, pero me cuesta una enormidad salir a buscarlo por la mañana. Debo confesar que diariamente no soy yo quien va a comprarlo.
Pero hoy era domingo. Hoy abrí los ojos, me vestí lentamente, tomé el dinero, las llaves y cerrando con cuidado la puerta… salí.
Caminé medio dormida, no había casi nadie en la calle. Hacía mucho calor y de pronto me di cuenta que los árboles estaban muy verdes, que había olor a jazmines, que las casas estaban pintadas de colores. Saludé al vecino de la vuelta y un perrito caminó conmigo unos metros acompañando mis pasos. Una señora me miró raro porque yo tenía un acento que no era de aquí y alguien me sonrió sin que se lo pidiera… Pero un silencio extraño invadía mis oídos.
Caminé y repasé en mi memoria las últimas horas de ayer. Sábado a la noche, donde sin querer hicimos realidad el post "agua" del 24 de marzo del año pasado. Amigos en la casa, una rica pizza con piña, una peli de casi tres horas. También hubo tiempo y espacio para que los dolores más viejos y profundos del alma salieran atropellados entre lágrimas, miradas perdidas, silencios y sonrisas.
Caminé. Me robé un puñadito de florcitas celestes de un arbusto en la calle, las miré y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me sorprendí, pero al instante me di cuenta por qué. Es que me maravilló su belleza pero me dio pena su fragilidad, igual, igualita a la de los seres humanos. Me dieron ganas de tener un abrazo que sane, una mirada que alivie y una bolsita llena de esperanzas para ofrecerle a mis afectos del alma cuando los demonios se adueñan de sus sonrisas.
Caminé. Sentí el sol fuerte en mi piel y sonreí, busqué la sombra y respiré feliz de ser capaz de ir hacia donde quiero. Miré la cordillera y pensé en mi madre. Miré el cielo y pensé en mi padre. Y los sentí ahí, uno a cada lado de mí. Un muchacho que pasó a mi lado me saludó como si me conociera de toda la vida, lo mismo hizo un señor viejito que recogía con sus manos algunas hojas secas que se habían quedado dormidas en su pedacito de césped.
Una flor blanca se cruzó en mi camino y un vientito suave me habló al oído, transformando el silencio en susurro.
En realidad sólo caminé unas pocas cuadras…
Regresé unos minutos después con el pan fresco para el desayuno. Sonreí cautivada cuando vi que Ella aun estaba en la cama dormida y reparé en sus piernas que todavía enredadas en las sábanas rojas, descansaban tranquilas…
Pero hoy era domingo. Hoy abrí los ojos, me vestí lentamente, tomé el dinero, las llaves y cerrando con cuidado la puerta… salí.
Caminé medio dormida, no había casi nadie en la calle. Hacía mucho calor y de pronto me di cuenta que los árboles estaban muy verdes, que había olor a jazmines, que las casas estaban pintadas de colores. Saludé al vecino de la vuelta y un perrito caminó conmigo unos metros acompañando mis pasos. Una señora me miró raro porque yo tenía un acento que no era de aquí y alguien me sonrió sin que se lo pidiera… Pero un silencio extraño invadía mis oídos.
Caminé y repasé en mi memoria las últimas horas de ayer. Sábado a la noche, donde sin querer hicimos realidad el post "agua" del 24 de marzo del año pasado. Amigos en la casa, una rica pizza con piña, una peli de casi tres horas. También hubo tiempo y espacio para que los dolores más viejos y profundos del alma salieran atropellados entre lágrimas, miradas perdidas, silencios y sonrisas.
Caminé. Me robé un puñadito de florcitas celestes de un arbusto en la calle, las miré y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me sorprendí, pero al instante me di cuenta por qué. Es que me maravilló su belleza pero me dio pena su fragilidad, igual, igualita a la de los seres humanos. Me dieron ganas de tener un abrazo que sane, una mirada que alivie y una bolsita llena de esperanzas para ofrecerle a mis afectos del alma cuando los demonios se adueñan de sus sonrisas.
Caminé. Sentí el sol fuerte en mi piel y sonreí, busqué la sombra y respiré feliz de ser capaz de ir hacia donde quiero. Miré la cordillera y pensé en mi madre. Miré el cielo y pensé en mi padre. Y los sentí ahí, uno a cada lado de mí. Un muchacho que pasó a mi lado me saludó como si me conociera de toda la vida, lo mismo hizo un señor viejito que recogía con sus manos algunas hojas secas que se habían quedado dormidas en su pedacito de césped.
Una flor blanca se cruzó en mi camino y un vientito suave me habló al oído, transformando el silencio en susurro.
En realidad sólo caminé unas pocas cuadras…
Regresé unos minutos después con el pan fresco para el desayuno. Sonreí cautivada cuando vi que Ella aun estaba en la cama dormida y reparé en sus piernas que todavía enredadas en las sábanas rojas, descansaban tranquilas…


15 comentarios:
Qué buena escena... Valió la pena ir por el pan.
Besos
hola, es la primera vez que leo tu blog. Escribis de una forma muy profunda y con los sentimientos a flor de piel!
Te invito a conocernos pasando por nuestro blog!
saludos!
Esos son los instantes magicos que hay que percibir siempre... Abrazos para ti
Siempre nos espera la contundencia de la vida, agazapada en una flor,un gesto.... saltando delante de nuestro, llamando a la puerta de los sentidos.UN beso y un abrazo
Las pequeñas cosas de la vida, sin duda, son las que nos emocionan. Pero lo hermoso y lo cautivador de este relato es que seas capaz de disfrutarlas. Es decir, esas pequeñas cosas existen para todo el mundo pero no todo el mundo tiene la sensibilidad para apreciarlas en su justa medida. Veo que tú sí. Y no es casual que un@s cuant@s loc@s nos pasemos por aquí de vez en cuando...
Un beso grande desde el otro lado del mundo (también con sus pequeñas magias cotidianas)
Que lindo post!
No es facil relatar con tanto detalles esas cosas simples como un recorrido corto para ir a buscar el pan.
Me gusto mucho.
Saludos!
posd. me hiciste recordar mis dias en Santiago, me encantaba a la manana salir a mirar la cordillera.
voy a dejar de pedir delivery...
me da mucha felicidad leerte asi.
saludos
Mi amor ... Me imagino que el sabor de ese pan fresco que nos servimos cada mañana tiene el sabor del gesto hecho para acariciar a la otra con pequeños detalles, de esos con los que vamos colmando nuestros días, de esos con los que vamos escribiendo nuestra historia...
Ese sabor suave y la cascara crujiente que apretamos entre nuestros dientes es parte de estos sabores viejos y nuevos. Viejos porque alguna vez los imaginamos y deseamos con todas nuestras fuerzas. Nuevos, porque sólo hoy los podemos estrechar entre nosotras.
Bendigo a la fortuna que te trajo hasta la rivera de mis sábanas. Doy las gracias diariamente tan sólo por amanecer a tu lado...
Me encanto el post, en cada detalle...
Me hizo percibir cosas, recordar, recapitular y caminar respirando el aire veraniego de está tierra...
mis saludos
IDS
A mi me parece que este escrito suyo, así como esas florcitas y personas que le salieron al camino y que usted descubre, pues nota su presencia, son precisamente ese abrazo, esa mirada que alivia y se palpa y que sale como caricia en estas palabras...
Evargas
Hermosa escena te lo aseguro! Y por supuesto que valió la pena, claro que sí.
Un abrazo y de verdad es un gusto que estés aquí.
Andrea
Eres bienvenida, son bienvenidas!
Muchas gracias por lo que dices del blog y me alegra que se perciba que los sentimientos están a flor de piel; que se sienta que mis manos son capaces de expresar lo más puro de mi alma.
Saludos
Maty
Totalmente de acuerdo contigo. Esos instantes mágicos y simples son la vida misma.
Un abrazo para ti.
Fio
"Siempre nos espera la contundencia de la vida agazapada en una flor"
Me mataste amiga, morí... jajaja.
Y sabés qué? Nadie se dio cuenta que la imagen (mas allá de que la baje de internet) es lo que en Uruguay llamamos panaderos, es decir la flor de los panaderos... o sea: "pan y flores". Fue tan sutil que solo yo lo entendí, jajaja.
Un beso y un abrazo como dice usted.
Pd: de ese post del 24 de marzo "agua", faltó usted con su dulce de leche granizado. Pero ya lo solucioné, cuando vengas hacemos otra pizza tropical y listo! :)
Mi estimada Amelie
Me encantó tu comentario. No sé ni que decir. Tal vez que es hermoso disfrutar de "esas pequeñas cosas" como dice tu coterráneo Serrat.
Un beso grande para vos desde este lado del mundo.
Vic
Gracias Charru por tu comentario. Creo además que esas cosas simples muchas veces son las más valiosas, las que uno lleva guardaditas aquí dentro.
La cordillera es liiiinda. La miro por la ventana, también cuando salgo a la calle, en realidad la busco por todos lados, siempre.
Me fascina tanto como el mar, tenerla ahí...
Beso
Lala
No sabés como he reído con tu comentario!!... "Voy a dejar de pedir delivery"... ajajaja, genial, una frase muy divertida pero que en realidad encierra muchas cosas. Uno de los males de nuestros tiempos es que ya todo lo pedimos por teléfono o por internet o vamos en auto y nos perdemos de cosas simples como ir caminando a comprar el pan por la mañana. Luego hacer el camino de regreso sintiendo ese aroma delicioso... y al llegar a casa... usted sabe... desayunar!!
Un abrazo enorme
Anónimo... :)
Uuufff... que digo?... Que amo tus palabras, que yo también bendigo la maravilla de haber llegado a la rivera de tus sábanas... Que me gustan tus piernas y que me encanta verte sonreír por las mañanas cuando aun no abriste los ojos...
Te abrazo amor
Entre Venus y Afrodita
Gracias. Si de verdad estas letras te hicieron percibir y recordar cosas, me sonrío de pura emoción y gratitud.
Gracias por compartir también conmigo el aire veraniego de su tierra.
Un abrazo
Ojos miel
Hermoso tu comentario. No lo había mirado desde ese punto de vista, me emocionó lo que dijiste.
Es maravilloso que sean realmente el abrazo, la mirada, la caricia...
Besos para usted
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