Ya tarde me fui a dormir, pensando en eso. Y soñé con la risa. Y desperté pensando en lo mismo. Me di cuenta que en el día río mucho, me encanta reír... sin embargo nunca hablo de la risa.
Mi sonrisa es mi carta de presentación, es natural, espontánea, sé que me abre caminos, que rompe hielos, que ablanda situaciones, que acerca y también sé que seduce con mucha rapidez.
Muchas veces reparto sonrisas por la calle, cuando subo al bus, cuando me cruzo con un niño de ojos tristes o con un abuelo de ojos perdidos, cuando pago mis cuentas. También cuando empujo a alguien sin querer y le pido disculpas, cuando veo un perrito friolento o me venden caramelos, cuando escucho cantar a alguien en una plaza. Muchas veces salgo de reparto por la ciudad, pero increíblemente me regalan muchas más.
En cambio, mi risa aparece cada tanto. Puede ser nerviosa, tímida o de pura alegría nomas. En reuniones de amigos tienen garantizado que alguien seguro reirá… yo! Río porque estoy contenta y porque me gusta que me hagan reír. Quienes me rodean lo saben y lo usan incluso hasta provocarme ataques de risa imparables.
Parezco una persona algo melancólica, medio triste y en parte es cierto. Pero en la diaria río mucho, mucho y me gusta. Pero debo reconocer que me cuesta hacer reír, puedo hacer llorar con mucha más facilidad.
Y mi carcajada, cuando sale, se la escucha de lejos. Esa risotada ya no es tan fácil de sacar pues cuando viene, viene de bien adentro, sale sin aviso de mis entrañas.
Me di cuenta hace un tiempo que ya no reía fuerte y cuando tomé conciencia de eso me decidí a cambiarlo todo en mi vida. Era una señal.
Hace muy poco, en realidad el tiempo que tiene este blog, volví a reír a carcajadas y cada vez lo hago con más frecuencia.
Como dicen por ahí... "lo importante es reír... reír juntos".
Solo pocas veces se ríe solo, siempre es con alguien o por alguien. Es necesario, hermoso, reír juntos, con la familia, con la pareja, con los vecinos, con lo amigos y hasta con los extraños.
Algunos dicen que la risa cura. Yo no sé si sanará el cuerpo pero doy fe que cura el alma.
Gracias por hacerme esa pregunta, porque en el fondo creo que sabías la respuesta, pero querías que yo la dijera y tomara conciencia de ello.
Gracias por estos días en que me hiciste sonreír más que nunca, hasta el punto en que los extremos se tocaron y salió el llanto adornando la sonrisa.
Gracias por hacer salir la risa en medio de mis agonías, por tus bromas oportunas y tu palabra exacta.
Gracias por arrancarme risotadas cuando yo me empeño en estar triste.
Gracias por el regalo de tu carcajada en cascada, que todo lo llena de alegría en un derroche de vida a los cuatro vientos.
... y aquí estás en mis días ... curando mi alma
































